Dalmacia
La región de Dalmacia-Zadar
Zadar es un monumento viviente que ha sido capaz de aglutinar diferentes épocas históricas. Las murallas de la época antigua y medieval se dan la mano con la Torre del Capitán del siglo XIII. El antiguo pavimentado de las calles contrasta con las iglesias medievales y los palacios del siglo XIX que conviven con la arquitectura moderna.
Zadar ha sido siempre la ciudad de la belleza y la cultura y la prueba de ello es la excelente exhibición de Arte Eclesiástico que se realizó en el convento de monjas benedictinas de Santa María. Diferentes reliquias, ornamentos de piedra y varias pinturas se encargaron de poner de manifiesto la riqueza de la vida religiosa. Otra colección de gran valor se halla en el Museo Arqueológico, mientras que la Biblioteca Científica de Zadar es la mejor dotada de Croacia. La primera universidad se inauguró en el siglo XIV dentro de un monasterio Dominico y Petar Zoranic escribió la primera novela croata “Montañas” en el lugar donde se estableció la Facultad de las Artes en 1956.
Zadar es una ciudad de ambientes pintorescos. Su situación geográfica ya es bastante particular: se erige en una península plana en mitad del Adriático. Su paseo marítimo alrededor de la península ofrece al visitante una impresión inolvidable de las islas y sus puestas de sol.
Después de visitar el archipiélago de Kornati, George Bernard Shaw escribió que “en el último día de la Creación, Dios quiso coronar su obra, y de una mezcla de lágrimas, estrellas y aliento creó las Kornati”. Las islas Kornati, situadas frente a Zadar, reagrupan 150 islas en menos de 300 kilómetros y la mayor parte del archipiélago forma parte del Parque Nacional. De origen tectónico y composición cárstica, estas islas corresponden a cumbres montañosas de la última era glacial. Son un destino muy popular entre los amantes del turismo náutico.
En una visita a esta zona de Croacia no hay que dejar de visitar el Parque Natural de Vransko Jezero, conocido por su gran concentración de aves.
La región de Dalmacia-Sibenik
La vista que se ofrece desde el mar a la ciudad de Sibenik es espectacular, así como la entrada en el Canal de St. Ante y la travesía a través del castillo de San Nicolás. Bajando Gradita, la parte más vieja de Sibenik, uno se siente todavía en la Edad Media y, a medida que se camina por la ciudad, se puede percibir cómo se desarrolló y cómo los edificios van cambiando de estilo. Sin duda su edificio más destacado es la Catedral de Santiago, del siglo XVI y catalogada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.
Pero el espíritu de Sibenik no sólo se percibe en los edificios, sino que un buen concierto a capella mientras se degusta un buen vino en las centenarias bodegas locales, especialmente en la zona de Primosten, son parte indispensable de ese ambiente especial que envuelve a la ciudad. Merece la pena disfrutar del extraordinario momento que proporciona cobijarse a la sombra de las zarzamoras, saboreando un poco de jamón y queso con Babic, el vino del lugar.
Uno de los acontecimientos culturales más conocidos y sobresalientes de Sibenik es el Festival Internacional de la Infancia, que se celebra en los meses de junio y julio. El Festival encuentra sus orígenes en 1958 y que es un acontecimiento multimedia de creaciones de niños para niños. UNICEF, UNESCO y el Presidente de Croacia están activamente implicados en su puesta en marcha.
En las afueras de Sibenik se encuentra el Parque Nacional de Krka, por donde discurre el río del mismo nombre. Es uno de los más bellos ríos rocosos del país que se extiende en gran parte por un desfiladero mientras forma numerosos lagos y cascadas.
La region de Dalmacia-Split
Uno de los lugares que más llaman la atención al viajero que acude a Croacia es sin duda el Palacio de Diocleciano, del siglo IV a.C., perfectamente integrado en la vida cotidiana de la ciudad. Está erigido en piedra blanca, lo que hace de esta obra uno de los monumentos romanos más impresionantes del mundo. El palacio está catalogado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, junto con la ciudad de Trogir, que se puede visitar en una excursión de un día desde Split. El tesoro de esta ciudad es la catedral de San Lorenzo, del siglo XIII, y, por supuesto, el resto de su casco histórico.
Dentro de las murallas del palacio destaca el Peristilo, patio rodeado de una columnata en el que se levanta el antiguo mausoleo de Diocleciano, hoy catedral de la ciudad. Merece la pena subir a su campanario para contemplar la panorámica y acercarse a visitar el Templo de Júpiter, uno de los mejor conservados del periodo romano. Split fue creciendo a las afueras de las murallas defensivas del palacio real en todas direcciones, convirtiéndose en una ciudad moderna a los pies de Monte Marjan. En esta parte exterior surgió ya en la Edad Media la Plaza Nacional, donde se encuentran el Ayuntamiento y el Palacio Karepic.
Split enamora al visitante con su mezcla de cultura, historia y vida contemporánea, donde la historia y la arquitectura antigua están perfectamente integradas en la vida cotidiana.
Sin embargo, y como ocurre con la mayoría de las ciudades del Adriático, Split está fuertemente arraigada a su territorio marino, su entorno natural y sus islas. Aunque cada una de ellas conforma una entidad independiente, la mayoría de las islas de Dalmacia Central gravitan alrededor de Split, centro neurálgico de la zona y punto de partida para visitarlas. La isla de Solta es una pequeña joya cuyas ensenadas deben ser vistas y disfrutadas desde el mar antes de partir hacia Stomorska o Necujam, donde solían pasar los veranos los oficiales del emperador Diocleciano.
Rodeada de bahías de ensueño, la isla de Brac ofrece un suave relieve sembrado de bosques de cipreses y de pastos. Las playas de la localidad de Bol son muy populares entre los surfistas y la playa más hermosa es la del cabo Zlatni rat (Cuerno de Oro).
El clima suave y soleado y los paisajes típicamente mediterráneos han atraído a los viajeros a la isla de Hvar desde el siglo XIX. La isla se extiende a lo largo de unos 70 kilómetros y una cadena de colinas calcáreas la cruza de punta a punta hasta caer en picado hacia el mar, en la costa sur. En su parte septentrional, muy escarpada, se establecieron la mayoría de los pueblos. El cultivo de la lavanda y la fabricación de su esencia representan una de las actividades principales de Hvar. Su capital, del mismo nombre, se despliega junto al mar mostrando su catedral de San Esteban y su alto campanario. Frente a ella, una enorme plaza se abre hacia el puerto, bordeado por un Paseo Marítimo lleno de puestos donde se vende lavanda y encajes, que conduce hasta un monasterio franciscano del siglo XV. Otra visita imprescindible es la Fortaleza Española, situada en un alto cerro, que ofrece bonitas vistas de la ciudad y de la isla.
La visita a la isla de Vis estuvo prohibida para los turistas desde 1945 a 1989 ya que pertenecía a la marina yugoslava, por lo que ha conservado perfectamente sus paisajes originales. Se recomienda visitar los pueblos de Vis y Komiza. En esta isla, a 5 kilómetros de Komiza, se descubrió en 1884 la Cueva Azul. En ella se produce un fenómeno fascinante de refracción de la luz: hacia mediodía, los rayos del sol que penetran a través de una abertura submarina se descomponen en haces de luz, que iluminan de azul y malva las paredes, y los objetos sumergidos adquieren una tonalidad plateada.
La Riviera de Makarska es famosa por sus calas resguardadas y sus playas rodeadas de pinos. La población más grande de la Riviera es la ciudad de Makarska que, oculta unas callejuelas bordeadas de casas de piedra, escaleras empinadas que conducen a pequeñas iglesias, bellas plazas y pintorescos muelles. Antes de llegar, es parada obligatoria el pueblo de Omis, en el que no hay que perderse el espectacular cañón del río Cetina con paredes de 400 metros.
La región de Dalmacia: Dubrovnik, La Perla del Adriático
La libertad ha sido el rasgo distintivo de Dubrovnik a lo largo de toda su existencia. Esto ya quedó patente en el siglo XIV cuando en la vestimenta de armas de San Vlaho (San Blas) se pudo leer en una inscripción junto a la bandera la palabra Libertas. Sus pequeñas tiendas, sus cafés y la sobrecogedora belleza de sus calles forman parte inequívoca de la personalidad de Dubrovnik. Su casco antiguo ha sido declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.
La armonía de sus edificios recuerda que fue una ciudad próspera, capital de la República de Dubrovnik, que vivía del comercio y el mar. Rica y culta, mantuvo durante siglos a una población que convivía en armonía con un modelo poco frecuente de democracia urbana y que desarrolló las artes, las letras y el complicado entramado de la diplomacia, que le permitió vivir en paz en tiempos difíciles. Ni siquiera el terremoto que derribó sus joyas románicas, góticas y renacentistas en 1667 acabó con ella. Se reconstruyó y volvió a nacer con la forma barroca que hoy mantiene intacta.
El casco histórico de Dubrovnik es un monumento en sí mismo y la mejor forma de conocerlo es pasear por sus calles, sobre todo por la Stradun, calle principal enmarcada por comercios que ocupan los bajos de las casas barrocas. Algunos de los lugares que aparecerán son las puertas de Pile (occidental) y Ploce (Oriental); el Palacio Sponza; el Palacio del Rector; la iglesia de San Blas; el convento franciscano, con unos exquisitos capiteles en el claustro; la fuente monumental de Onofrio; la iglesia de San Salvador y el convento de Santa Clara.
Los Juegos de Verano de Dubrovnik visten la ciudad de gala desde 1950 para dar lo mejor de sí cada año entre el 10 de julio y el 25 de agosto. En estas fechas toda la ciudad se transforma en un escenario cultural.
Dotadas de una naturaleza exuberante, cultivos fértiles y un rico patrimonio arquitectónico, las 14 islas del archipiélago de Dubrovnik, las islas de Elafitas, están llenas de atractivos. Conservan magníficas capillas prerrománicas, decenas de iglesias y viviendas patricias de los siglos XV y XVI, en las que se mezclan los estilos gótico y renacentista.
Unos kilómetros al norte de Dubrovnik se extiende la península de Peljesac, con la ciudad de Ston como una de sus localidades más importantes. Es famosa por sus ostras, conocidas y cultivadas ya desde la época romana, y en toda la península y la cercana isla de Korcula domina el paisaje de viñedos.
La isla de Korcula goza de un clima suave y una vegetación variada: bosques de coníferas, matorrales… Reza una leyenda que el navegante Marco Polo, que participó en 1298 en una batalla naval librada cerca de Korcula entre venecianos y genoveses y en la que cayó prisionero, nació aquí en 1254. Su capital, también llamada Korcula, ocupa una pequeña península fortificada del siglo XIV con una curiosa disposición de sus calles en forma de “raspa de pez”, que permite beneficiarse de los vientos frescos en verano y de impedir la entrada del viento frío de invierno, llamado “bura”. Sus pequeñas plazas y casas de piedra mantienen su aspecto tradicional y destacan la Torre del Revellín, la iglesia de San Miguel y el Ayuntamiento, de estilo renacentista.
Su clima agradable, la frondosa vegetación ¬¬¬(más del 70% de la isla es bosque), los campos fértiles y la abundancia de pescado en el mar y de anguilas en los lagos, hacen de la isla de Mljet un auténtico paraíso. Cuentan que los vientos de Poseidón empujaron a Ulises hacia Mljet, donde fue retenido por Calipso, que le hizo olvidar Itaca. El Parque Nacional ocupa el oeste de la isla y guarda un interesante patrimonio arquitectónico. En Polace quedan restos de la villa rústica construida en el siglo II o IV para el gobernador romano de la isla, así como los de una iglesia paleocristiana. Rodeados de verde, los lagos Malo jezero y Veliko jezero están unidos entre sí por canales poco profundos cuyas aguas desembocan en el mar. En el islote de Santa María, en el Lago Grande, destaca un convento, reconstruido en varias ocasiones, que hoy en día es de estilo renacentista.